martes, 26 de octubre de 2010

Editorial # 28


(Correo A # 28, p. 2; noviembre 1995)

Siempre los aniversarios son buenos para un balance y aquí no haremos la excepción, tras un año cuando publicamos apenas dos números debido a los apremios económicos que nos acogotan, como al resto de ese 95% de víctimas de los aprendices de brujo del neoliberalismo nativo; pues como suele suceder, el Estado y los poderosos no sólo han confirmado los peores pronósticos sobre su desempeño, sino que la han puesto todavía más grande.

La desorientación del poder para todo lo que tenga que ver con los intereses reales de la mayoría es patente en el plano político, con un gobierno tan corrupto e incapaz como todos y como parece pautar algún ignoto arcano de la Constitución Nacional, una oposición parlamentaria mediocre hasta el ridículo, y donde las elecciones del venidero 3 de diciembre [de 1995] son - en su justificación y preparativos - y serán - en su fraudulenta realización y escuálida concurrencia - evidencia clara de la quiebra de esta burlesca democracia. Ya nadie se preocupa por disimular la incompetencia de la dominación y sus representantes, incapaces de esbozar soluciones estratégicas a los problemas colectivos que no sean las gastadas cartillas del populismo, el estatismo o el Fondo Monetario Internacional. Hasta es de buen tono presumir de esa carencia porque “ya no existen izquierdas y derechas, solo eficientes e ineficientes”, o porque así debe “constituirse lo político en la postmodernidad”, repitiendo como loros la verborrea de asesores bien remunerados, expertos en escupir sin masticar las modas del discurso teórico.

Precisamente lo negativo de las circunstancias presentes y del inmediato porvenir hacen que persistamos y volvamos a la carga, en la hechura de ese camino alternativo que en cada número vamos construyendo con nuestros lectores. Decimos esto porque esta revista es mucho más que el esfuerzo del colectivo responsable. Es que nos lean y discutan un grupo de obreros en Valencia o de estudiantes en Maracaibo; es que a La Guaira o al Amazonas lleguen fotocopias de nuestras páginas; es que un artículo se escriba desde un Taller de trabajo cultural, otro se idee en una cocina y un tercero se traduzca en un laboratorio de “High Technology”; es que un locutor radial lea nuestras crónicas entre descargas de rock y arrebatos de salsa; es que de Tovar venga un libro, de Madrid un video y de Kansas una contribución solidaria (Thank you very much, brother Ed!); es que gente quinceañera y gente cuarentona se unan en acción y esperanza; y, en fin, es que se piense más en la utopía de la igualdad y la libertad, a la que algunos nos atrevemos a ver como el camino a seguir.

Conjeturas Anarquistas

José Oiticica
Escritor anarquista brasilero (1882-1957)

Muchas personas, después de un conocimiento superficial del anarquismo, al ver que nuestros escritores sostienen la destrucción del Estado, de las leyes, de los tribunales, del dinero, del comercio, de las fuerzas armadas, etc., nos toman por locos y preguntan como ha de ser posible para la humanidad vivir sin esos males necesarios. Consideramos conveniente satisfacer la curiosidad de esos asustadizos, ofreciéndoles un esquema de la organización social en un régimen anárquico.

1º El territorio de cada país se dividirá en zonas federadas; las zonas en municipios y el municipio en comunas.

2º La división en zonas y municipios obedecerá al criterio del universo geográfico, esto es, a la forma particular de cada uno respecto al genero de industria que ha de explotar o a la distribución de las poblaciones.

3º En cada comuna, los trabajadores se reunirán en gremios, según sus oficios manuales o intelectuales.

4º Cada gremio resolverá, en sus asambleas, todo lo  referido a los servicios comunales de una especialidad.

5º Para coordinar y dirigir los servicios y ejecutar las medidas acordadas en las asambleas existirán consejos comunales, municipales, federales y uno internacional.

6º Cada gremio de la comuna escogerá un delegado al consejo comunal; cada consejo comunal, un delegado al  municipal; cada consejo municipal, un delegado al federal y cada consejo federal, uno al consejo internacional.

7º El consejo comunal velará por los intereses de la comuna, ejecutando las resoluciones de las asambleas, dirigiendo la producción, transporte y distribución de los productos, el servicio de estadística, la conservación de las obras realizadas y su mejoramiento, la enseñanza primaría, las artes, los embellecimientos, fiestas, simetrías, etc. Este consejo se reunirá diariamente y se renovará por turnos semanales o mensuales.

8º El consejo municipal se ocupará de las relaciones entre las comunas, de la distribución de los productos propios o recibidos de afuera, de los pedidos o trueques de trabajadores, de los servicios internacionales, etc. Se reunirá una vez por semana.

9º El consejo federal se ocupará de las relaciones entre los municipios, enseñanza superior y profesional, formación de profesores, de los trabajos materiales importantes en la zona que le correspondiere,  instalación de usinas, fábricas, laboratorios, observatorios, astilleros, etc., pudiendo pedir los trabajadores necesarios de acuerdo con los consejos municipales y las asambleas comunales. Se reunirá, normalmente, una vez por mes y sus delegados se renovarán cada año.

10º El consejo internacional se ocupará de las relaciones entre países, del almacenaje y distribución de los productos, del pedido y trueque de trabajadores entre países, de la navegación internacional, de los grandes trabajos de interés universal, etc. Funcionará permanentemente, renovándose por turnos trienales.

11º Los delegados no gozaran de ningún privilegio, ni serán dispensados de sus profesiones sino cuando sus funciones en los consejos les absorbieran todo el tiempo.

12º Además de los consejos, habrá congresos municipales, federales e internacionales de gremios, donde los representantes de cada uno de ellos discutirán los asuntos especiales de cada servicio.

13º En los congresos se presentaran invenciones, procesos o métodos nuevos que, expuestos por los autores y discutidos, serán enviados a comisiones técnicas para estudio y experiencia, hasta la adopción o rechazo final.

14º La enseñanza superior y profesional será impartida en universidades constituidas en comunas, donde se instalaran laboratorios, usinas, hospitales, etc. modelos.

15º Los profesores universitarios de cada especialidad se constituirán en comisión técnica para examinar nuevos inventos, procesos científicos, métodos de enseñanza, libros didácticos, etc.

16º Cada comuna tendrá servicio completo de asistencia médica y dental con su hospital propio.

17º En los lugares apropiados serán fundados sanatorios especiales,  modelos.

18º Las horas de trabajo en cada comuna estarán reguladas por las necesidades de la producción y los servicios, quedando el horario a cargo del consejo comunal.

19º Los trabajos se distribuirán en cada servicio considerando la fuerza física y la capacidad de cada quien.

20º Las tareas repugnantes o insalubres se realizaran por turno sin excepción, de preferencia con voluntarios.

21º Los cargos de dirección técnica serán confiados a los mas competentes a juicio de los propios trabajadores, pero no confieren ningún privilegio.

22º Cada comuna adoptará su régimen doméstico, y se podría luego, por medio de congresos, adoptar un sistema único, el mas práctico posible.

23º La instalación de escuelas, fábricas, teatros, etc. se hará según los mas rigurosos preceptos higiénicos.

24º Las casas serán ocupadas por familias de acuerdo con el número de componentes de estas.

25º La construcción de templos, si los hubiese, y la confección de utensilios de culto serán trabajo exclusivo de los creyentes, fuera de la actividad común de la producción. Será igualmente trabajo extraordinario la formación de los respectivos sacerdotes.

26º La unión conyugal, enteramente libre, se hará por mero registro en la sede del consejo comunal, pudiendo cada pareja realizar las ceremonias religiosas que les vinieren en gana en las respectivas iglesias.

27º Nadie se eximirá del trabajo productivo so pretexto religioso; siendo inadmisible la profesión sacerdotal.

28º Las federaciones han de ponerse de acuerdo para permitir, lo mas posible, los viajes por toda la tierra y la permanencia temporal de estudiantes en países diferentes para el aprendizaje práctico de idiomas y el manejo de la lengua internacional. Esos viajes se costearán muy fácilmente con servicios de la propia profesión en las comunas donde se asentaren temporalmente.

29º Los locos serán internados en quintas especiales, donde serán científicamente tratados mediante los procesos mas suaves y recomendables.

30º La represión de los crímenes (que necesariamente, sin el dinero, causa del 80% de los mismos, se reducirá a un mínimo insignificante) será de competencia exclusiva de la comuna donde acontezcan, la cual decidirá como bien le pareciere y las circunstancias lo dictaren.

 (Correo A # 27, p. 19; abril 1995)

Muerte, Libertad y Experiencia Social


...¿Cómo es que llegamos a saber de la muerte?  ¿En qué forma se nos manifiesta? Una respuesta muy obvia es que experimentamos la muerte de otros. Pero esta respuesta cae por tierra al ser sometida a escrutinio. Por ejemplo,  ¿qué es, en la muerte de otros, lo que experimentamos como muerte?  ¿Acaso el hecho  de que sus funciones fisiológicas vitales hayan llegado a una cesación irreversible? Si...y no. Sin duda es verdad que por lo menos algunos órganos cruciales han dejado de funcionar. ¿Pero es esto lo que queremos decir cuando afirmamos que alguien ha muerto? No estamos hablando de los órganos sino de la persona; y las personas no se componen solamente de sus órganos, como la música no consiste solo en ondas sonoras.

Así como la muerte de una persona no es la muerte de un organismo, tampoco su vida es un fenómeno meramente orgánico. Para ser una persona debemos existir en lo que por el momento llamaremos una red de conexiones con otras personas. No hay duda que si nuestra meta fuera extender nuestras vidas en términos orgánicos, podríamos obtener resultados notables aislando personas en un ambiente sellado y libre de gérmenes, vigilando atentamente todos los sistemas vitales y proveyéndolos de una dieta de máximo valor nutritivo, pero esto no sería ya lo que consideramos existencia humana. Aseguraría solamente la continuidad del cuerpo a costa de la continuidad de la persona. La muerte, por lo tanto, debe entenderse básicamente como un daño irreversible a la red de conexiones entre las personas. Es en este sentido que la muerte es importante para la experiencia. Lo que experimentamos no es la muerte de otro como muerte, sino el repentino rompimiento de la frágil red de la existencia. La muerte tiene el efecto inmediato de revelar esa interconexión de la vida. Con frecuencia ignoramos cuan cercanamente se desarrolla nuestra auto comprensión en relación a otra persona, hasta que esa persona ha sido arrebatada por la muerte. La tremenda desorientación de los deudos es evidencia elocuente no solo de que estamos ligados, sino también de que la red que nos sostiene es demasiado frágil. De hecho, la red se rompe como si no fuera nuestra, como si nuestras propias vidas no nos pertenecieran.

Hay algo que la muerte revela a la experiencia como ningún otro acontecimiento puede hacerlo. Si bien demuestra nuestra dependencia respecto de la red de conexiones, también demuestra que simultáneamente la red depende de nosotros. Nuestras relaciones con los demás son siempre reciprocas. Como  personas, no somos nunca objetos inertes a quienes otros dirigen sus acciones. Una relación personal no existe hasta que respondemos a los otros, hasta que hemos entrado en relación mas allá de nuestra propia libertad, incluso si esa libertad es muy pequeña. Un niño, por ejemplo, depende de sus padres, pero los padres no crían al niño como un niño, en el mismo sentido en que podrían construir una casa o cultivar un jardín. El niño debe entrar en relación con su propia libertad, de otra manera el niño apenas sería diferente a cualquier otro objeto de manipulación para esos padres. Así,  lo que la muerte revela es algo paradójico: tenemos la vida por otros y con otros, pero solo hasta el grado en que participemos libremente en nuestra relación con esas personas. La muerte revela nuestra dependencia pero también nuestra libertad; y revela que no podemos tener una sin la otra.

Lo que constituye primordialmente la existencia humana es la continuidad temporal de la vida. Las relaciones humanas no son solamente una interdependencia de libertades compartidas, también se mueven hacía atrás y hacía adelante en el tiempo, incluso mas allá de los momentos en que la relación física comienza y termina; además, esa continuidad está directamente coordinada con el significado de la vida. Si nada resulta de nuestras acciones, si no tienen ninguna consecuencia para nosotros o para otros, obviamente carecen de sentido. Cuando comenzamos a ver que nuestra vida, considerada como un todo, no tiene resolución, consecuencia o importancia mas allá de si misma, encontramos maneras de ocultarnos a nosotros mismos el hecho de que no estamos verdaderamente vivos, en el doble sentido de ser libres y dependientes respecto a nuestras relaciones con otros.

La paradójica unión de libertad y dependencia que la muerte revela es mucho mas poderosa en su dimensión temporal. No puede haber historia que consista solamente de una persona. Mi historia es una larga serie de intercambios con otros, y, de hecho, algunos de esos intercambios, aunque son extremadamente importantes respecto de la continuidad de mi vida percibida, ni siquiera me involucraron. Así también mi futuro es una secuencia anticipada de relaciones con otros. Esto significa sencillamente que no puedo tener la historia que yo quiera, o el futuro que pueda imaginarme. Sin embargo, el caso es que, a pesar de todo, mi historia es mía, y el futuro también es mío; no simplemente porque me ocurran a mí como un objeto inerte, sino porque libremente los elijo como míos. No existe historia ni futuro fuera del compromiso que las personas establecen libremente entre si. Esto es crucial para comprender la manera en que la muerte es importante para la experiencia, porque la muerte puede quitarme a esas personas, entre las cuales he adquirido la continuidad temporal de mi vida,  pero no puede arrebatarme mi libertad y por lo tanto no puede destruir esa continuidad.

James P. Carse
 (Introducción a MUERTE Y EXISTENCIA. México, FCE, 1987)
(Correo A # 27, p. 16; abril 1995)

Pensar la Economía Libertaria: Un proyecto alternativo al mercado


El problema de cualquier organización social es la producción y el reparto de la riqueza. Es claro que esto hace necesario hacerse las preguntas de  ¿qué producir?,   ¿cómo producir?,  ¿a quién dar lo producido y según cuáles criterios? En una economía capitalista es el mercado quien responde a estas tres preguntas. El beneficio (por vía de los precios) es el que orienta la producción, son los costos (por consiguiente el beneficio) los determinantes del modo de producción y son las rentas (salarios y beneficios) quienes determinan la capacidad de cada uno para consumir.

Por esto el mercado, para poder individualizar la participación de cada uno y por consiguiente retribuirlo, ha necesitado de una diferenciación de las funciones que no se realiza según los quehaceres del individuo sino por la exigencia del sistema. La negación de la persona asume por ello la forma de una pseudo autonomía del individuo; así la fuerza del mercado es también la razón esencial para que ésta sea una organización nefasta, inicua de la sociedad.

Pensar una Economía Libertaria quiere decir así recoger las mismas preguntas dándoles respuesta distinta en función de satisfacer la necesidad de igualdad social, de solidaridad y de libertad real. Esto significa impugnar los dos pilares sobre los que se basa el capitalismo: mercado y división social del trabajo. Significa atacar aquello que justificaría al mercado, a través de la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción (y luego del beneficio como fin) y la eliminación del salariado (en cuanto mercantilización de la capacidad física e intelectual de cada uno). Igualmente pasa, en tanto justificación de la división social del trabajo, a través de la desaparición o el reparto de las tareas no gratificantes y la minimización de los tiempos colectivos de producción.  ¿Entonces que hacer? Es pertinente esclarecer un proyecto alternativo al mercado y a la división social del trabajo; para esto probemos a "lanzar algunas pistas", esperando que otros las seguirán y profundizarán.

¿Qué producir?

No es el mercado, y luego la búsqueda del lucro, quien debe definir aquello que se produzca. Seguir con el "mercado" significa permitir que una minoría (los poseedores de capital, los capitalistas) impongan su elección a la mayoría, ajenos a intereses en verdad ligados a necesidades sociales reales. Al contrario, deben ser los deseos y las necesidades de la población los que por si solos determinarán los bienes y servicios a producir. La única justificación del trabajo humano (dando por descontado que representa una fatiga) debe ser la satisfacción de las aspiraciones colectivas. En otras palabras, debemos escoger en conjunto aquello que valga la pena de ser producido colectivamente. Todos los grupos humanos deben poder fijar libremente la carga de trabajo que se acepta soportar para arribar a una determinada producción. Esto permitirá la desaparición de la producción antisocial (en la medida en la cual ésta no aporta nada a la comunidad pero costándole muchísimo), como de los gastos militares, de las cargas del capitalismo (encuadramiento del trabajo, jerarquías...) y de aquellas debidas al mercado (publicidad, comunicación manipulada...) que hoy representan un tercio de la producción y también un tercio del trabajo.

Eso que la comunidad asume como voluntad de producción debe por consiguiente llevar a un "tiempo social de producción", en el que las personas producen colectivamente los bienes deseados y decididos colectivamente. Debe ser el mismo para todos y cada uno de los que contribuyen, so pena de ser excluido del grupo. El resto del tiempo esta a exclusiva disposición de cada individuo que puede dedicarlo a actividades sociales o individuales propiamente humanas.

El trabajo es un constreñimiento: debemos de hacer todo para minimizarlo produciendo lo que ha sido colectivamente determinado como útil y repartiendo de manera equitativa las tareas que de ello surgen.

Asunto pues que se coloca en el centro de nuestra atención es la definición democrática y federal de las tareas, y su esbozo en un plan de producción que sustituya el diktat del mercado y del dominio.

¿Cómo producir?

En esto los principios deben ser claros: abolición del salariado y de la propiedad privada de los medios de producción. Son estos dos aspectos los que constituyen hoy el fundamento de la explotación y la dominación.

Así, la propiedad social de los medios de producción es condición que permite la real selección democrática y federal de aquello que se debe producir y de la organización del trabajo. La autogestión permite la transferencia del poder a aquellos que producen, el reparto igualitario de la riqueza y restituir un sentido a la actividad social de producción.

Debemos valorar tres principios:

- La propiedad colectiva de los medios de producción, ya que son las necesidades de la colectividad el fin de la actividad social de producción. Esta propiedad se encontraría en segunda instancia delegada a un grupo de trabajadores. No se puede dejar que todas las unidades productivas sean autónomas con sus trabajadores como propietarios y únicos en tomar decisiones. Este método no puede llevar mas que a la auto explotación en un ámbito de mercado en el cual los grupos de trabajadores se alejaran cada uno en competencia con los otros: el socialismo libertario no puede confundirse con el "libertarismo" norteamericano o con el principio de concurrencia caro a Proudhon. Es en cuanto miembros de la comunidad que nosotros gozamos de derechos sobre la riqueza y no únicamente como trabajadores, de otro modo se corre el riesgo de sobrevalorar el trabajo en cuanto actividad mientras, como se ha visto, nosotros denunciamos la reducción del individuo al trabajador;

- La colectividad delega en grupos de trabajadores que no participan en las unidades de producción las gestiones que tienen el fin de integrarlas. La única coordinación posible, fuera del mercado, es el plan en cuanto instrumento de producción, a fin de expresar los deseos de producción de la comunidad. Es posible establecer la planificación federal y democrática; nuestro deber es demostrarlo porque, de otra manera, se invalida la critica al mercado y no queda mas que corregir la desigualdad en lugar de suprimirla;

-La supresión de la división social del trabajo conduce al reparto igualitario de oficios "gratificantes" y "no gratificantes". Esta ultima división es consecuencia del mercado que divide y retribuye a las personas según sus "competencias". El asunto es refutar esa "compartimentación" de funciones, que empobrece la vida y encierra a cada uno en su tarea. Distintas personas, por ejemplo, deben estar encargadas de la recolección de la basura, al menos hasta que no se llegue a la completa mecanización de tal labor.

Pongamos un ejemplo: si dicho oficio se atribuye de modo igualitario en una ciudad de 40.000 personas, de ellas 20.000 adultas, de modo que cada día estén 40 ocupados con la basura, y viene a tocarle una vez cada 18 meses a cualquier adulto. ¡Una alternativa de este tipo evitaría a 40 personas hacer un trabajo poco gratificante por toda una vida sin pesar en modo significativo sobre el resto de la comunidad!

La rotación de oficios y su distribución igualitaria permite impugnar desde sus fundamentos al principio de la división social del trabajo y la clasificación meritocrática que opera hoy sobre los dominados. Aquello implicaría obligatoriamente un proceso de formación permanente y permitiría afirmar que el discurso sobre las competencias de las personas es un discurso mistificante, que legitima la desigualdad, que supone no nos sería posible ejercer variadas ocupaciones que exijan de elevadas competencias.

¿Cómo repartir?

Hoy, la retribución de la eficiencia supuesta de los trabajadores según el mercado (y también fuera del mercado en tanto fuera del beneficio, como ocurre con las funciones públicas) es el verdadero centro de la dominación que todos sufrimos. La abolición del salariado debe traer un cambio de perspectiva. Contribuyendo cada uno de manera igual a la utilidad colectiva, lo que se inicia en el momento en que nos hacemos cargo de un tiempo social de producción, cada uno debe gozar en modo igual de los derechos derivados de dicha producción. Estos derechos no pueden ser como ahora, derivados de una función social ligada a la división social del trabajo. El tiempo de trabajo social debe proveernos del nivel de producción y riqueza decidido por y para todos. Esta es la igualdad a partir de la cual puede emerger la libertad. Debemos separar la tarea efectuada y el derecho sobre los bienes que se retiren. Esto se debe hacer sobre todo a partir de la rotación de tareas, de la desaparición (gracias a la innovación tecnológica) o del reparto igualitario de las ocupaciones juzgadas no gratificantes (y también de aquellas consideradas gratificantes), haciendo humana a la sociedad.

Así, al plan de producción decidido en colectivo y por gran mayoría se agregara el plan de distribución. Esto solo debe calcular el tiempo social de producción, que cabe conjeturar reducido a no más de 4 horas por día; el resto del tiempo es aquel de la producción libre, de la creación... de la pereza o del amor.

Es así urgente dilucidar los principios constituyentes de un claro proyecto alternativo libertario. Esto nos permitirá ser mas precisos e incisivos en la critica a la sociedad capitalista y homogeneizar al menos un poco nuestro discurso, aun cuando al contrario de otros, no creemos que sea posible preverlo todo.

Christophe
(Versión original en LE MONDE LIBERTAIRE, Paris, 28/abril/1994. Traducción: N. B.)
(Correo A # 27, pp. 8-9, abril 1995)

U.S.A.: el gendarme innecesario


El derrumbe de la URSS, coloso al parecer pétreo pero con pies de barro, nos dejó un mundo unipolar. A la guerra fría le sucedió la paz tibia. Usufructuario y gendarme de este universo que por no ser frío ni caliente provoca vómitos (según el dicho bíblico) son los Estados Unidos de América del Norte.

Las contradicciones que hasta 1990 hicieron peligrar la paz internacional no eran sin duda, como se pretendía, las que mediaban entre capitalismo y socialismo, sino que surgían del afán de dominación por parte de dos poderosos Estados. En todo caso, eran las contradicciones entre el capitalismo de las transnacionales y el capitalismo tecno-burocrático. Cuando la primera de ambas formas capitalistas demostró ser mas eficiente económicamente que la otra, Estados Unidos, centro principal y prototipo de esa modalidad de la explotación del trabajo, surgió como única cabeza, por el hecho de ser además el país mas rico y el mejor armado.

En 1990 se vivió el sueño de la "pax americana". Pero no pasaron muchos meses sin que un sanguinario dictador, Saddam Hussein, desafiara la hegemonía mundial de los Estados Unidos, atacando a un vasallo fiel, el Emirato de Kuwait. El papel de gendarme internacional fue asumido sin mayores vacilaciones por la potencia imperial. Después fue Somalia, como poco antes Panamá y Granada. Hoy es Haití y, tal vez, de nuevo Irak. Mañana puede ser Cuba o, por que no, el socio y vecino México. Estas invasiones militares se caracterizan por ciertos rasgos que las diferencian de otras muchas que llevaron a cabo en el pasado los yanquis. En 1er. lugar, apenas provocan reacciones adversas en la opinión publica internacional y cuentan con la opinión publica nacional (que ya no recuerda Vietnam). En 2do. lugar, la acción yanqui se presenta  hipócritamente, como "intervención internacional"; se invoca la cooperación de "aliados" y la ayuda simbólica de "amigos" que no son sino vasallos. En 3er. lugar, las operaciones militares se llevan a cabo contra gobiernos dictatoriales y sanguinarios, pero no porque ellos lo sean sino simple y llanamente porque perjudican los intereses o amenazan de algún modo el prestigio mundial del gran gendarme.

El último rasgo es tal vez el mas interesante. En el mundo de hoy, una vez desaparecido el contrapeso de la Unión Soviética, nadie puede rebelarse contra el orden imperial y la hegemonía norteamericana sino desde la izquierda radical (una izquierda que vaya mucho mas allá del marxismo-leninismo) o desde una derecha fascistoide (que esgrima consignas ultra nacionalistas). La primera posibilidad, única valedera y auténtica, no se ha dado todavía y quizá no se de en muchos años. La segunda es la que encontramos en Irak, en Somalia, en Haití (y antes en Panamá). Esto, desde luego, favorece mucho la imagen de "defensor de la democracia" que el gendarme desea proyectar. Basta, sin embargo, tener en cuenta los antecedentes de las dictaduras que el imperio ataca, para entender la responsabilidad del mismo en la instauración de esas dictaduras: Noriega fue colaborador, confidente y espía de la CIA. Hussein fue apoyado por el State Departament como amigo confiable contra los ayatolás de Irán. A Cedras se le aseguró exilio dorado, se le devolvieron millones depositados en bancos norteamericanos y casi se le considera merecedor del Premio Nobel de la Paz; Carter, con su habitual bobería, asegura que no es un matón sino una persona decente. Mientras tanto, miles de haitianos que huían del dictador y de los "tontons macoutes" (reliquias gloriosas del duvalierismo, que USA nunca cuestionó seriamente) eran devueltos a su país (a riesgo de ser asesinados por militares o paramilitares) o encerrados en el campo de concentración de Guantánamo.

Todo esto demuestra que al gendarme no le interesan en verdad la democracia ni los derechos humanos, sino la defensa de sus intereses o, como en este último caso, la afirmación de su hegemonía continental y mundial. Es claro que quienes ocupan hoy la Casa Blanca y quienes dirigen el Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado son fieles discípulos y continuadores de quienes promovieron en Chile el golpe de Pinochet, quienes apoyaron por décadas a Stroessner, quienes sonrieron a Onganía y Videla con complacencia de hermano mayor y solo se opusieron a los genocidas militares argentinos cuando un borracho decidió invadir las Malvinas, ámbito intocable de hermanos anglosajones.

Quienes adversan el fascismo y, consecuentemente, el racismo y el nacionalismo, no pueden dejarse engañar ni un instante por las proclamadas intenciones del innecesario gendarme. Comienzan por detestar el narcopatriotismo de Noriega; la sangrienta férula de Hussein, exterminador de kurdos, shiitas y opositores políticos en general; la abominable opresión del neo duvalierismo de Cedras, pero no se detienen sino hasta dejar claro que todos estos fenómenos patológicos no se hubieran generado sin complicidad del "guardián de la democracia y los derechos humanos"; no paran hasta hacer comprender a todos que, tras las nobles intenciones oficialmente aducidas, no hay sino una manifestación, mas o menos refinada, del viejo imperialismo. Acabar con las dictaduras y poner a salvo los derechos humanos no es tarea para quienes fueron (y ocultamente siguen siendo) los mejores amigos de los dictadores y los primeros violadores de los derechos humanos.

Ángel J. Cappelletti
(Correo A # 27, p. 7; abril 1995)

CALIdoscopio: Crónica de una ciudad latinoamericana


Cali es la tercera ciudad de Colombia. Ciudad en tránsito a metrópoli, tránsito agresivo, violento y deshumanizador. Tiene 2 millones de habitantes, 40% viviendo en la pobreza absoluta (800.000 personas). Otro 40% se debate entre la clase media y la pobre, mientras que un 20% se goza el trabajo ajeno. El 10% de quienes están en condiciones de trabajar no cuentan con empleo (en los y las jóvenes este índice se duplica) y 50% viven del rebusque diario vendiendo de todo, consumiendo fantasías.

Hubo elecciones parlamentarías, y después las de alcaldes y gobernadores: de cada 100 personas aptas para votar, 70 no lo hicieron. En las otras 30 hay que contar los votos comprados y los robados, los vendidos y los engañados, los obligados y los muertos que votan. Milagros de la democracia colombiana.

Aquí se escucha salsa -buena, mala, regular- a toda hora y en todo lugar. Este es un pueblo prieto, gozador y rumbero que parece bailarse hasta las penas. Las ráfagas de música se intercalan con las ráfagas de metralla. En promedio cada fin de semana son asesinadas entre 30 y 50 personas, en su mayor parte jóvenes y mujeres. Ser joven y pobre es acercarse a la muerte. Escuadrones de asesinos cruzan las calles, disparando, raptando, desapareciendo a muchachas y muchachos. Nadie dice nada, nadie sabe nada, nadie oye nada. El miedo cierra los ojos, las bocas y las entendederas mientras que el gobierno se lava las manos y promete investigaciones exhaustivas que, por lo general, en nada terminan. El mismo Alcalde de Cali reconocía que el 68% de los 1300 homicidios de 1993 están impunes. Nadie se explica como hacen los escuadrones asesinos para pasearse por una ciudad en la que pululan los retenes, detectives, militares, soplones, policías y cuarteles.  ¿Será que no los ven? O será que...

El cielo es muy azul manchado de trecho en trecho por nubes de aire poluto; del occidente descienden a la ciudad ríos y riachuelos, a cual mas contaminados; la gente es cálida como el clima; el futbol y lo frívolo atraen la atención de miles de personas cada fin de semana; el crecimiento ahora es intenso y desmesurado... caos urbano que avasalla al ser.

Así como cualquiera otra de Nuestra America es la ciudad de Cali: un producto inhumano de las formulas desarrollistas del Gran Capital. Cali es paraíso de las transnacionales que llegaron en los 50 y 60 y se apoderaron de las mejores tierras, de las mas grandes riquezas, del sudor moreno. A su lado, entrecruzando poderes, están los narcotraficantes que son los mismos burgueses con otra pinta y que tienen contaminado todo el ambiente político y económico. Gran parte de la violencia que referíamos anteriormente proviene del narcotráfico y sus tentáculos. Es en verdad narcotrágico.

Pero las consecuencias del narcotrágico no son solo las sangrientas. Es toda una subcultura que pregona el enriquecimiento fácil, la ostentación, la trampa, el machismo y el consumo frenético hundiendo en el lodo miles y miles de vidas, jóvenes en especial, con el beneplácito de las clases dominantes, usufructuarias vergonzantes de las riquezas narcotizadas.

Las oportunidades de vida digna son cada vez mas estrechas. La reconversión industrial, la privatización y el neoliberalismo han acentuado el cierre de fábricas y empresas, la hipercomercialización de la educación, la salud y la recreación, el incremento de mujeres y niñ*s que o trabajan en condición subhumana y por cualquier salario o caen en la delincuencia y la prostitución. Cifras oficiales señalan que el 61% de los  sindicados de delitos son menores de 21 años, muchos de las cuales están en la cárcel por tratar de conseguirse unos pesos para sobrevivir. Los datos del gobierno son elocuentes: mientras un mercado sencillo está por el orden de los US$ 300 al mes, el ingreso de las familias pobres solo promedia 90 US$, cuando lo hay.

Tal estado de cosas ha agudizado el ingenio de la población para resistir. “Cultura del rebusque” se llama por aquí a esas estrategias que la gente se inventa para vivir al día, buscando a cómo de lugar los pesos que permitan medio comer, en una lucha diaria por sobrevivir: los parques, los semáforos y las calles son ahora espacios comerciales, para montar un negocito y hacerle trampas al hambre. Allí podrás conseguir un perro caliente, un tornillo, un café, un periódico, un pan, una rosa roja o un "cacho" de bazuco...

Aunque los procesos libertarios y alternativos son débiles y marginales, si existen pensamientos, expresiones y prácticas ligadas a proyectos sociales en los que se encarnan nuevas concepciones y practicas de vida. Su falta de coordinación es, sin embargo, una de sus principales debilidades. De todos modos, en medio de los nubarrones neoliberales y de la ferocidad del régimen, la construcción de una nueva sociedad avanza, con tropiezos y miedos, retos y logros; avanza, lenta y terca, de la mano de la esperanza.
Wili  (Cali, Colombía, 1994)
(Correo A # 27, p. 6; abril 1995)

Lo que queremos

Pietro Gori, anarquista italiano (1865-1911)


Nosotros luchamos por la igualdad ante todo, por la verdadera y propia igualdad, no por aquella mentira escrita en las cárceles de las monarquías o en los muros de la Francia republicana.

Nosotros queremos que todo pertenezca a todos; queremos que las máquinas sean propiedad de los obreros que las hacen producir y que sean expropiadas a los actuales patronos, que se enriquecen a costa de las fatigas de los trabajadores.

Queremos que la tierra, hoy en poder de los viciosos propietarios, que viven en la ciudad en medio del lujo y en plena orgía, sea entregada al campesino que la cultiva y la hace fructificar.

Queremos, en una palabra, que todos los instrumentos del trabajo sean poseídos por los trabajadores libremente asociados y que todos los productos naturales y artificiales de la riqueza sean declarados propiedad de todos. Por esto nos declaramos comunistas. Y desengañamos a todos los guiados por el egoísmo a que nos demuestren como la verdadera igualdad es posible sin el comunismo que sintetiza el deber y el haber entre el individuo y la sociedad con la vieja e insuperable formula: de cada uno según sus fuerzas y a cada uno según sus necesidades.

Pero sin completa libertad no es posible la igualdad completa, como sin verdadera igualdad no es concebible la verdadera y propia libertad. El que no posee es esclavo del que posee. Y como no es posible efectuar la igualdad sin suprimir a los patronos, desposeyéndoles de todo lo que injustamente detentan, tampoco es posible reivindicar la libertad sin eliminar a los gobernantes, aboliendo todo gobierno, que es el privilegio político donde descansa la explotación del hombre por el hombre. Ni amos ni asalariados; ni gobernantes ni gobernados. Todos iguales en la libertad; todos libres en la igualdad.

Sin propiedad privada, que equivale a decir sin amos y, por consecuencia, sin la explotación económica, todos los individuos serán económicamente iguales, y esto es el comunismo o propiedad común de todas las cosas.

Sin gobierno, sin autoridad del hombre sobre el hombre, sin la violencia moral de leyes antinaturales, sin policías y sin burocracia, todos los hombres serán  libres políticamente; esto es, cada individuo tendrá la exclusiva y plena soberanía sobre si mismo y no encontrará quien le impida cooperar al bien colectivo y podrá obrar espontáneamente según lo reclamen sus intereses individuales, existiendo completa armonía en los intereses de todos. Esta libertad es la Anarquía, libertad de la libertad. Somos por todo esto comunistas anarquistas, porque queremos ser verdaderamente libres y completamente iguales.

Porque queremos la liberación de todos los oprimidos, porque amamos vivamente a nuestras madres, a nuestras  hijas, a nuestras hermanas, a las compañeras de nuestra vida y de nuestros dolores, llamamos a la mujer doblemente esclava, del patrono y del macho. ¡Venid a nosotros y peleemos juntos por la redención de todas las miserias, para que entre vosotras no impere la infelicidad!

Nosotros queremos purificar la unión sexual y nada mas. Hacerla desinteresada con la abolición de la propiedad, causa principal de todos los bajos cálculos de interés; hacerla libre, haciendo desaparecer todas las cadenas, morales o materiales, que se opongan al espontáneo y natural desarrollo de todas sus manifestaciones.

Los gobiernos y negreros capitalistas, para mejor dominar, se afanan en suscitar odios fratricidas entre los pueblos, y estos nunca comprenden el juego insidioso que con su sangre hacen todos los potentados y patrioteros. Los trabajadores empiezan ya a entender que sus enemigos no están mas allá de esta o aquella frontera, sino que están en todos los países, en todas las patrias: sus mismos gobernantes y patronos. Sólo una alianza internacional de los explotados y los oprimidos de todas las patrias, en abierta rebeldía contra la coligación de los gobiernos y del capitalismo, derrocará todo ese viejo orden social a base de privilegios, opresiones y tiranías, instaurando en toda la tierra una nueva era de amor y bienestar para todos los hombres iguales y libres. Por estas razones, los comunistas anarquistas se declaran internacionalistas.

Pero toda esta renovación sustancial y profunda de la sociedad humana, solo es posible merced a una violenta insurrección del pueblo contra la violencia legal de los actuales privilegios económicos y políticos. Aquí parte la necesidad de una revolución social. Y por esto nosotros somos antilegalitarios y revolucionarios.

Y tú, viejo pueblo trabajador, confórtanos en nuestra humilde y solitaria obra, con el rugido del león que afila las garras para entrar en pelea; que aun en el furor de la batalla oirás como, hiriendo el espacio, surge de los pechos de los luchadores este grito, que es un signo de fraternidad y amor: ¡Viva la humanidad libre!

(Correo A # 26, p.19; septiembre 1994)